En solo seis años, Nayib Bukele ha consolidado en El Salvador un régimen autoritario que reprime cualquier forma de disidencia y viola de forma sistemática los derechos humanos. Ante el silencio internacional, se repiten las detenciones arbitrarias de personas comunes, adversarios políticos y actores de sociedad civil, así como las amenazas a periodistas y las denuncias de torturas en las cárceles. El país suma ya tres años bajo régimen de excepción, sin garantías judiciales y con el espionaje a opositores legalizado. ¿De qué forma puede seguir trabajando la sociedad civil que aún opera dentro del territorio salvadoreño y la que se ha visto forzada al exilio? ¿Cómo reconstruir el pluralismo político mientras está en vigencia un sistema prácticamente unipartidista y el presidente conserva un altísimo nivel de popularidad? Y desde la mirada de quienes luchan por el Estado de derecho y los derechos humanos, ¿qué horizonte democrático tiene El Salvador?