Aunque las remesas son un pilar financiero de la región, el desarraigo y la marginación interesada del debate público de los millones de personas que emigraron han limitado su incidencia política. Puede que eso esté cambiando: la revolución tecnológica del voto en el exterior, la creación de partidos de la diáspora en El Salvador o el nuevo éxodo político nicaragüense abren nuevas posibilidades de protagonismo en los procesos nacionales a la población migrante. ¿Cómo sería una Centroamérica que incluya a su diáspora? ¿Pueden quienes se fueron ayudar a salvar nuestras democracias?